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Pegaso Mitología detrás de la constelación del caballo con alas

Si hay una criatura mitológica que ha dejado huella en la historia, ese es el caballo alado de la mitología griega Pegaso, el legendario caballo alado. Su figura elegante, poderosa y mágica no solo ha inspirado leyendas durante siglos, sino que también ha sido inmortalizada en el cielo en forma de constelación. A continuación te contamos el mito de Pegaso.

mitologia griega pegaso

La leyenda de Pegaso

La historia de Pegaso, está profundamente vinculada con uno de los mitos más conocidos de la antigua Grecia: la muerte de Medusa, una de las tres gorgonas, famosa por convertir en piedra a quien la mirara directamente. Según el mito, Perseo, héroe hijo de Zeus, fue enviado a matarla. Cuando finalmente la decapitó, de su cuello brotó sangre que cayó al mar, y de esa mezcla surgieron dos criaturas extraordinarias: Pegaso, el caballo alado, y Chrysaor, un guerrero (en algunas versiones, un jabalí alado).

Esta unión de sangre y agua no fue vista como un simple fenómeno mágico: era símbolo del cruce entre lo divino y lo monstruoso. Se cree que Poseidón, dios del mar, fue el padre de ambas criaturas, fruto de su unión con Medusa en el templo de Atenea, lo que provocó la maldición que convirtió a Medusa en monstruo.

Pegaso, por tanto, nace como un ser entre mundos: con un origen violento, ligado al inframundo de las gorgonas, pero con un destino que lo elevará hasta lo más alto del cielo, tanto literal como simbólicamente.

Pegaso historia del caballo alado libre e indomable

Desde su nacimiento, Pegaso fue una criatura libre e imposible de domesticar. Se decía que corría por los cielos y los campos del monte Helicón, a veces posándose en los manantiales que brotaban bajo su paso. De hecho, uno de los manantiales más conocidos de la mitología, el Hipocrene, se formó cuando Pegaso golpeó la roca con su casco. Este manantial fue considerado sagrado por los poetas y las musas, ya que su agua otorgaba inspiración. Así, Pegaso no solo era símbolo de fuerza y velocidad, sino también de creatividad e inspiración divina.

Belerofonte y la brida de oro

La leyenda de Pegaso da un giro con la aparición de Belerofonte, príncipe de Corinto. Este joven, valiente y ambicioso, oyó hablar del caballo alado y se propuso capturarlo y montarlo, algo que nadie había logrado antes. Belerofonte no tenía una razón práctica para domar a Pegaso; más bien, lo movía la voluntad de lograr lo imposible, una constante entre los héroes griegos.

Ante la dificultad de su misión, Belerofonte pidió ayuda a los dioses. Atenea, diosa de la sabiduría y la estrategia, se apiadó de él y le entregó un objeto mágico: una brida de oro. Con ella, finalmente logró acercarse a Pegaso mientras bebía en una fuente, y consiguió montarlo sin que el caballo lo rechazara.

Desde ese momento, Pegaso se convirtió en su fiel compañero, y juntos protagonizaron una de las hazañas más notables de la mitología: la lucha contra la Quimera, una criatura monstruosa con cuerpo de león, cabeza de cabra en el lomo y una cola con forma de serpiente. Esta bestia escupía fuego y devastaba tierras enteras. Gracias a la capacidad de volar de Pegaso, Belerofonte pudo atacarla desde el aire, evitando el fuego y venciendo a la criatura.

Este acto convirtió a Belerofonte en una leyenda viva. Ya no era solo un príncipe, sino un héroe consagrado por los dioses. Pegaso, como su corcel, fue parte esencial del mito, representando el poder celestial aliado con la valentía humana.

La caída de Belerofonte y el ascenso de Pegaso

Pero como ocurre a menudo en los relatos griegos, la ambición desmedida conlleva la caída. Belerofonte, cegado por su éxito, creyó que merecía un lugar entre los dioses. Decidió montar a Pegaso y ascender al Monte Olimpo, hogar de las deidades. Sin embargo, este acto fue visto como una arrogancia imperdonable por Zeus, el dios supremo.

Para castigar su osadía, Zeus no envió un rayo, ni una criatura celestial, sino algo mucho más sutil: un mosquito. Este pequeño insecto picó a Pegaso mientras ascendía, y el caballo, al revolverse, hizo caer a su jinete. Belerofonte cayó a la Tierra y quedó lisiado de por vida, vagando por el mundo sin gloria, olvidado por los hombres y los dioses.

Pegaso, en cambio, fue perdonado. Zeus lo acogió en el Olimpo, reconociendo su valor y pureza. Le asignó la tarea de portar el rayo y el trueno, convirtiéndolo en uno de los caballos de los dioses. Como reconocimiento final, lo colocó entre las estrellas, donde todavía hoy lo vemos como su propia constelación.

Pegaso como símbolo

Esta leyenda de Pegaso, ha pasado a representar conceptos profundos que siguen vigentes: la libertad, la nobleza, la inspiración, pero también el peligro del orgullo desmedido. En el arte y la literatura, Pegaso ha sido emblema de los poetas, de los soñadores y de los que buscan algo más allá de lo mundano.

Su figura volando libre, con alas extendidas, ha sido usada como símbolo de la elevación del espíritu y de la creatividad. Pero su historia recuerda que incluso los dones más divinos pueden ser mal empleados si el ego supera a la razón.

Leyenda de Pegaso grabada en el cielo nocturno, a través de su constelación

El mito Pegaso quedó inmortalizada no solo en las palabras, sino también en el cielo. La constelación, reconocida desde la antigüedad, representa al caballo alado en su forma celestial. Se encuentra en el hemisferio norte y es fácilmente reconocible por un asterismo llamado el Gran Cuadrado, formado por tres estrellas de esta constelación más una de Andrómeda.

Aunque en el cielo solo se representa la parte frontal del caballo (de ahí que se diga que es medio caballo), el mito completo sigue vivo en quienes levantan la vista para encontrarlo entre las estrellas.

Ver guía completa sobre la constelación de Pegaso