En el vasto mapa celeste, hay figuras que destacan no por su número de estrellas, sino por su forma clara y fácil de identificar. El Gran Cuadrado de Pegaso es uno de esos asterismos que han guiado a observadores, navegantes y astrónomos durante siglos. Esta figura, que se alza en el cielo del hemisferio norte con la llegada del otoño, es la llave para ubicar no solo a la constelación de Pegaso, sino también a otras muchas que la rodean.

¿Qué es el Gran Cuadrado de Pegaso?
El Gran Cuadrado no es una constelación, sino un asterismo: una figura formada por estrellas brillantes que, aunque no necesariamente estén relacionadas físicamente, parecen formar una figura reconocible desde nuestro punto de vista en la Tierra. En este caso, se trata de un gran cuadrilátero casi perfecto formado por cuatro estrellas brillantes, tres de las cuales pertenecen a la constelación de Pegaso y una a la constelación de Andrómeda.
Las estrellas que lo forman son:
- Markab (Alpha Pegasi)
- Scheat (Beta Pegasi)
- Algenib (Gamma Pegasi)
- Alpheratz (Alpha Andromedae)
Aunque Alpheratz está oficialmente asignada a Andrómeda, históricamente fue considerada parte de Pegaso, y sigue siendo clave para identificar el asterismo.
Características del asterismo del Gran Cuadrado
El Gran Cuadrado destaca por su forma regular. Los lados del cuadrado miden aproximadamente entre 13 y 15 grados de arco, lo que equivale a unas 25–30 veces el diámetro aparente de la Luna llena. Esta amplitud lo hace visible incluso desde ciudades con contaminación lumínica moderada.
No hay muchas estrellas visibles a simple vista en el interior del cuadrado, lo que hace que esta figura resalte aún más en el cielo oscuro. Sin embargo, con cielos verdaderamente oscuros, se pueden comenzar a distinguir decenas de estrellas débiles en su interior, muchas de las cuales pertenecen a la Vía Láctea o a sistemas galácticos lejanos.
Estrellas del Gran Cuadrado
A continuación, una breve descripción de las estrellas que conforman este asterismo:
1. Markab (Alpha Pegasi)
Ubicada en la esquina suroeste del cuadrado, es una gigante azul-blanca de tipo B9, con una magnitud aparente de 2.5. Se encuentra a unos 133 años luz de la Tierra.
2. Scheat (Beta Pegasi)
En la esquina noroeste, es una gigante roja variable de tipo M2. Tiene una magnitud media de 2.4, aunque puede oscilar ligeramente. Está situada a unos 196 años luz de distancia.
3. Algenib (Gamma Pegasi)
En la esquina sureste, es una estrella subgigante de tipo B2, con una magnitud de 2.8. Se encuentra a unos 390 años luz. Es una estrella caliente y azulada.
4. Alpheratz (Alpha Andromedae)
La esquina noreste está ocupada por Alpheratz, oficialmente parte de Andrómeda. Es una estrella binaria espectroscópica de tipo B8, a unos 97 años luz. Su magnitud aparente es de 2.1, la más brillante del grupo.
Como orientarse en Otoño, con el Gran Cuadrado de Pegaso
El Gran Cuadrado es una herramienta ideal para orientarse en el cielo otoñal. Desde él se pueden localizar fácilmente otras constelaciones:
- Andrómeda: partiendo desde Alpheratz, se extiende hacia el noreste. Desde aquí también se puede encontrar la famosa galaxia de Andrómeda (M31), visible a simple vista desde cielos oscuros.
- Pisces: justo al este y sureste del cuadrado, en una región algo más débil de estrellas.
- Pegaso: el resto del cuerpo del caballo alado se extiende hacia el oeste y sur del cuadrado, formado por varias estrellas que completan su forma.
- Acuario y Capricornio: más al sur, cerca del horizonte en otoño.
- Cisne, Lira y Águila: al norte y oeste, representando el cielo de verano que comienza a descender.
Uso en astronomía antigua y moderna
Durante siglos, el Gran Cuadrado fue un punto de referencia celeste para navegantes y pastores. Su aparición en el cielo nocturno marcaba el inicio del otoño en muchas culturas del hemisferio norte. Los antiguos griegos lo asociaban con la figura del caballo alado, Pegaso, quien fue elevado al cielo por Zeus como recompensa por su fidelidad.
En la astronomía islámica medieval, las estrellas del Gran Cuadrado también eran reconocidas y recibieron nombres árabes que se siguen usando hoy en día (como Markab y Algenib).
En la astronomía moderna, el asterismo sigue siendo un punto de partida para ubicar objetos de cielo profundo. Por ejemplo, desde su centro se puede rastrear la posición de cúmulos globulares como M15, galaxias como NGC 7331, e incluso el famoso Quinteto de Stephan.
Leyendas relacionadas con el Gran Cuadrado
La historia mitológica de Pegaso está profundamente ligada al asterismo. Según la mitología griega, Pegaso nació de la sangre de Medusa al ser decapitada por Perseo. El caballo alado luego fue domado por Belerofonte con la ayuda de una brida mágica dada por Atenea. Juntos vivieron aventuras, como derrotar a la Quimera. Sin embargo, la ambición de Belerofonte lo llevó a intentar llegar al Olimpo montado en Pegaso, lo que ofendió a Zeus. Para evitar el ascenso del héroe, Zeus envió un insecto que hizo que Pegaso se sacudiera, provocando la caída de Belerofonte. Pegaso, en cambio, fue admitido en el Olimpo y convertido en una constelación.
El Gran Cuadrado representa el torso de este caballo divino. Aunque sólo se representa medio cuerpo, la forma cuadrada es suficiente para evocar su silueta majestuosa.
Observación práctica
Para ver el Gran Cuadrado, lo ideal es salir entre septiembre y noviembre, cuando se encuentra en lo alto del cielo en horas tempranas de la noche. Desde latitudes medias del hemisferio norte, es visible desde aproximadamente las 21:00 h, y se mantiene alto hasta pasada la medianoche.
Aunque no es una constelación por sí misma, el Gran Cuadrado es uno de los mejores ejemplos de cómo el ojo humano encuentra patrones en las estrellas. Incluso los observadores principiantes pueden localizarlo sin necesidad de telescopios, solo con un poco de paciencia y un cielo despejado.
Uno de los asterismos más importantes del cielo nocturno
El Gran Cuadrado de Pegaso es mucho más que una figura geométrica en el cielo. Es una puerta de entrada al universo de otoño, una herramienta práctica para orientarse, y una conexión directa con la mitología clásica. Su claridad y simetría lo convierten en uno de los asterismos más emblemáticos del firmamento, una figura que ha guiado y fascinado a la humanidad desde hace miles de años, y que sigue brillando cada noche, recordándonos que incluso en la oscuridad del cosmos, hay formas reconocibles que nos unen con nuestro pasado.