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Mitología de la Osa Mayor y Osa Menor, las historia detrás.

La constelación de la Osa Mayor y Menor son de las más reconocidas en el cielo nocturno del hemisferio norte. Su figuras, similares a dos carros o un cazos, y están ligadas a un leyenda que se ha transmitido a lo largo de la historia. Se trata del mito griego de Calisto y Arcas, una historia de amor, traición, transformación y redención.

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El Destino de Calisto: La historia de Osa Mayor y la Osa Menor

Zeus, el padre de dioses y hombres, nunca fue conocido por su moderación. Nada escapaba a su ojo vigilante, y el deseo era su motor. Diosas, ninfas, doncellas y reinas, todas eran susceptibles de convertirse en objeto de su capricho. Sin embargo, su esposa Hera, la celosa y vengativa reina del Olimpo, no permitía que tales deslices quedaran impunes. La historia de Calisto es una prueba de ello, una tragedia escrita en las estrellas, donde la pasión, el engaño y la ira divina se conjugaron para forjar un destino eterno en el firmamento.

Calisto era una de las doncellas del séquito de Artemisa, la diosa de la caza y la virginidad. La joven, hija del rey Licaón, era conocida por su destreza con el arco y su belleza inusual. Como todas las compañeras de Artemisa, había hecho voto de castidad, pues esa era la condición para pertenecer al séquito de la diosa cazadora.

Zeus, mientras recorría la tierra en uno de sus muchos paseos divinos, posó sus ojos sobre la joven y quedó embelesado. Sabía que cualquier intento de acercarse a ella en su verdadera forma la haría huir, así que urdió un plan para poseerla. Decidió disfrazarse de Artemisa, la diosa en la que Calisto más confiaba, y con esa apariencia se le acercó en el bosque.

La joven, al ver a su adorada diosa, no sospechó nada. Zeus, con su disfraz perfecto, la abrazó, la acarició y, antes de que pudiera reaccionar, la engañó para hacerla suya. Cuando Calisto comprendió la verdad, ya era demasiado tarde. Se sintió traicionada, deshonrada y temió las consecuencias de lo ocurrido. Sabía que Artemisa no toleraría tal falta en su círculo de vírgenes y decidió ocultar su vergüenza por todos los medios posibles.

Los meses pasaron, y el secreto se hizo imposible de esconder. Su vientre crecía, testimonio de la afrenta. Un día, Artemisa ordenó a todas sus doncellas que se sumergieran en el río sagrado para purificarse. Al despojarse de sus vestiduras, el estado de Calisto quedó al descubierto. Artemisa, encolerizada por la traición a su voto, no le permitió explicaciones ni ruegos. Con un gesto de su mano, la expulsó del grupo, condenándola a la soledad y al exilio.

Calisto vagó por los bosques hasta dar a luz a su hijo, Arcas. Sin protección ni refugio, vivió con su pequeño en la espesura, lejos de la civilización. Pero su desdicha no había terminado. Cuando Hera supo del nacimiento del hijo ilegítimo de Zeus, la ira la consumió. No podía castigar a su esposo, pero sí podía desquitarse con la madre y el niño. Decidió acabar con la belleza de Calisto para que nadie más se fijara en ella. Con un simple conjuro, la transformó en una gran osa.

La joven, ahora atrapada en un cuerpo bestial, no podía hablar ni hacerse entender. Sus pensamientos seguían siendo humanos, pero su cuerpo había cambiado. Ya no podía abrazar a su hijo ni cuidarlo como antes. Desesperada, deambulaba por los bosques, huyendo de los cazadores, temerosa de su propio reflejo en las aguas. Mientras tanto, Arcas fue recogido y criado por Maya, madre del dios Hermes.

Los años pasaron, y Arcas creció hasta convertirse en un excelente cazador, sin recordar nada de su madre. Una tarde, mientras recorría el bosque con su arco y sus flechas, vio a lo lejos una gran osa. El animal, al reconocer a su hijo, quiso acercarse. Arcas, sin saber quién era aquella bestia, preparó su arco y apuntó directamente a su corazón. Justo cuando iba a soltar la flecha, Zeus, desde el Olimpo, intervino.

Para evitar el parricidio, el dios del trueno decidió tomar medidas drásticas. Antes de que la flecha pudiera ser disparada, elevó a Calisto y a Arcas al cielo, transformándolos en constelaciones. La madre se convirtió en la Osa Mayor y el hijo en la Osa Menor, condenados a girar eternamente en la bóveda celeste.

Cuando Hera vio que Zeus había salvado a su amante y a su hijo, su furia se redobló. No podía evitar que vivieran en el cielo, pero sí podía asegurarse de que nunca tuvieran descanso. Acudió a su tío Océano y le imploró que no permitiera que las nuevas constelaciones tocaran sus aguas, impidiéndoles sumergirse en los mares, como lo hacían las demás estrellas. Así, la Osa Mayor y la Osa Menor quedaron condenadas a vagar por el firmamento sin descanso, circumpolares, sin poder desaparecer nunca en el horizonte.

Desde entonces, cada noche, la Osa Mayor y la Osa Menor recorren el cielo del hemisferio norte, recordándonos la tragedia de Calisto y su hijo. En su eterno viaje estelar, nos enseñan que ni siquiera los dioses pueden escapar de las consecuencias de sus actos, y que el amor entre una madre y su hijo puede trascender incluso los límites del tiempo y el espacio.

El significado detrás del mito de Osa mayor y menor

El mito de Calisto y Arcas contiene temas profundos sobre el amor, la traición, la maternidad y la redención.

  1. Traición y celos: La historia refleja la infidelidad de Zeus y la venganza despiadada de Hera, mostrando cómo las emociones de los dioses influían en los destinos humanos.
  2. Maternidad y pérdida: La relación entre Calisto y Arcas enfatiza el sacrificio y la distancia impuesta entre madre e hijo debido a las acciones de los dioses.
  3. Transformación y redención: La conversión en constelaciones simboliza una forma de inmortalidad, asegurando que madre e hijo permanecieran juntos por la eternidad.
  4. La relación entre naturaleza y divinidad: La historia ilustra la interconexión entre el mundo natural y la influencia de los dioses en el destino humano.

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