Levanta la mirada al cielo nocturno. Ahí, entre las estrellas más brillantes, hay un guerrero inmortal. Se alza con su arco y espada, majestuoso y eterno, como si estuviera listo para cazar hasta el fin de los tiempos. Es Orión, el gigante legendario cuya historia ha sido contada durante siglos.
Pero ¿quién era en realidad este cazador? ¿Por qué su destino quedó sellado entre las estrellas? Su historia es una mezcla de heroísmo, orgullo y tragedia, una leyenda que los dioses escribieron con estrellas en el firmamento.
Hoy, te contaré las leyendas detrás de su constelación. La historia de Orión que ha sido contada de padres a hijos, relatos que nuestros ancestros susurraban bajo las estrellas, hasta llegar a ti.

- Mitología de la Constelación Orión
- La relación entre la constelación de orión y pléyades
- Al-Jauzah: Orión constelación historia en la Cultura Árabe
- Sode Boshi: La Historia de la Constelación de Orión en Japón
- Historia de la Constelación de Orión en el Antiguo Egipto
- Conclusión: Orión, el Cazador Inmortal
Mitología de la Constelación Orión
Cuenta la leyenda que Orión era un apuesto joven, natural de Beocia, considerado en aquellos tiempos como el más bello y apuesto de los hombres vivientes, cuya mayor pasión era, aparte de enamorar a las mujeres, ir de caza con sus fieles perros.
Se dice que, estando de caza en la isla de Quios, vio a Mérope, hija del rey Enopión, y se enamoró perdidamente de ella. Sin embargo, ella no era una simple mortal, ya que su padre, el rey Enopión, era hijo nada menos que de Dioniso, dios del vino y del éxtasis, y este esperaba un marido de más abolengo para su hija. Como Orión insistía en que le concediese la mano de Mérope, el rey Enopión le prometió que podría obtenerla si era capaz de hacer que la campiña se viese libre de las temibles bestias salvajes que amenazaban la vida de los habitantes. Esto no ofrecía dificultad a un cazador de experiencia, y Orión aceptó el reto gustosamente.
Tras haber completado su tarea, se presentó ante Enopión ansioso por recibir su recompensa, pero el rey halló razones para retrasar la boda: aún quedaban más osos, lobos y leones merodeando por las colinas. Orión se sentía cada vez más frustrado ante la situación. Una vez más rastreó las colinas en busca de animales salvajes, y nuevamente Enopión encontró razones para posponer la boda. Hasta que una noche, disgustado, cogió una gran borrachera con el mejor vino de Enopión (hay que reconocer que el vino del hijo de Dioniso era ciertamente bueno) y, en ese estado deplorable, penetró en el dormitorio de Mérope y la violó.
Como resultado de este acto violento, Enopión se sintió justificado para vengarse de Orión, le arrancó los ojos y lo arrojó ciego e inconsciente sobre la playa. Un oráculo anunció que el ciego recobraría la vista si viajaba hacia oriente y volvía la cuenca de los ojos hacia Helios en el punto en que se eleva del océano. Inmediatamente, Orión embarcó en una pequeña nave y, guiado por el sonido del martilleo de un Cíclope, remó hasta llegar a Lemnos. Se dirigió a la fragua de Hefesto, donde tomó sobre sus hombros al aprendiz Cedalión y se lo llevó como guía. Cedalión condujo a Orión por tierra y mar hasta llegar a la isla de Delos.
Llegado a su destino, Eos, la aurora, se enamoró de él (no es de extrañar, ya que hemos dicho que era «el más apuesto de los hombres vivientes») y lo acompañó a la costa oriental de la isla, donde al amanecer, al mirar a oriente, Helios le devolvió la vista, cumpliéndose así el oráculo. Pero durante el regreso, Orión y Eos llegaron al templo de Apolo, donde Eos invitó a Orión a acostarse con ella, siendo sorprendidos por Apolo al amanecer. (Por eso, desde entonces, cada día la Aurora se ruboriza recordando la indiscreción).
Orión, en compañía de Eos, volvió a Quíos para vengarse de Enopión, pero no pudo encontrarlo por ninguna parte. Entonces creyó que habría huido a Creta para buscar protección y embarcó hacia esa isla para matarlo. Sin embargo, a quien encontró en Creta fue a Artemisa, la cazadora, acompañada por toda su cohorte de jóvenes doncellas. Ambos no tardaron en congeniar, pues compartían una afición común, y Artemisa no tardó mucho en convencerle de que se olvidase de su venganza y saliese a cazar con ella.
Artemisa se enamoró de Orión. Era muy feliz y pasaba muchos días cazando con él. Pero entonces Apolo, su hermano, sintió celos de que le prestara más atención a Orión que a él mismo. Se quejaba de que la Luna había dejado de iluminar la noche porque ella había desatendido sus labores de diosa, y a la vez pensaba que una diosa como ella no debería enamorarse de un simple mortal. Por ello, decidió acabar con la vida de Orión enviando un escorpión gigante a matarlo. A todo esto, habría que añadir que Orión, cuando no estaba cazando con Artemisa, se dedicaba a «cazar» o, mejor dicho, a acosar a las ninfas del cortejo de la diosa (eso sí, sin que ella lo supiera). Estas se quejaron a Artemisa, pero ella no las creyó (la pobre estaba coladita por Orión) y, sintiéndose impotentes, suplicaron a Zeus que las librara de tan molesto acosador. Zeus se compadeció de ellas y las convirtió en palomas que alzaron el vuelo, llegando en su viaje hasta terminar en las estrellas y formar la constelación de las Pléyades, en el lomo de Tauro, para que la fortaleza y fiereza del toro las protegiera eternamente del acoso de Orión.
Pero volvamos con el escorpión y Orión. Orión atacó primero con flechas y luego con su espada al monstruoso escorpión, pero la coraza del animal resistía cualquier arma que utilizase contra él. Viendo la imposibilidad de vencer a este ser y con ayuda de su perro Sirio, consiguió zafarse de sus ataques y escapó nadando hacia la isla de Delos. Apolo se percató de que su plan para acabar con Orión había fallado, pero, conociendo la destreza con el arco de su hermana, decidió engañarla para que fuese ella misma la que acabara con su vida.
Para hacerlo, la desafió a acertar con una flecha a un objetivo apenas visible en el mar. Artemisa apuntó cuidadosamente y disparó, y al ir a cobrar su presa se encontró con que había traspasado la cabeza de Orión. Después de llorar su muerte durante días, suplicó a Asclepio, hijo de Apolo, que lo resucitara y este lo hizo, pero Zeus, que ya estaba harto de que Asclepio se dedicase a robarle los muertos al reino de Hades, fulminó a ambos con un rayo.
Artemisa suplicó entonces a Zeus que colocara a Orión en los cielos con sus dos fieles perros (Canis Maior y Canis Minor) y una liebre (Lepus), para que los hombres, cuando miraran hacia arriba en las oscuras noches estrelladas, recordaran las aventuras del gran cazador Orión. También se encargó Zeus de situar al Escorpión (Scorpius) en el firmamento, pero tuvo cuidado de ponerlo lo más alejado posible del gigante para que nunca más volvieran a enfrentarse. Así pues, cuando Orión desaparece de la bóveda celeste es cuando hace su aparición la constelación de Escorpión. Mientras que Orión aparece durante el invierno, Scorpius lo hace en el verano, perpetuando su lucha continuamente.
La relación entre la constelación de orión y pléyades
Según la leyenda, Orión era un cazador apasionado no solo por la caza, sino también por perseguir a las ninfas del cortejo de Artemisa. Estas ninfas, acosadas por él, pidieron ayuda a Zeus, quien las transformó en palomas y luego en estrellas, formando la constelación de las Pléyades. Para protegerlas, Zeus las situó en el lomo de la constelación de Tauro, asegurándose de que Orión no pudiera alcanzarlas nunca más. Por ello, en el cielo, la constelación de Orión parece estar eternamente persiguiendo a las Pléyades.
Al-Jauzah: Orión constelación historia en la Cultura Árabe
Según el catálogo de estrellas árabes «Almagesto», la constelación de Orión estaba formada, entre otras, por la estrella Alnilam, cuyo nombre en árabe significa «el collar de perlas». Esto sugiere que, para los árabes en sus inicios, Orión no era un hombre, sino una mujer. Así comienza la historia de Yad Al-Jauzah.
Durante la Edad Media, Europa ignoraba gran parte del conocimiento astronómico árabe, el cual fue reintroducido a Occidente a través de Al-Ándalus. Sin embargo, los copistas y traductores europeos cometieron múltiples errores de transcripción, alterando los nombres y significados originales de las estrellas. Yad Al-Jauzah, de origen árabe-beduino, significa «la mano de Al-Jauzah», una figura femenina cazadora de aquellas regiones.
Las tres estrellas del cinturón de Orión en árabe eran Al Nijad, Al Nasak y Al Mintaqah, que significaban «el cinturón», «el collar de perlas» y «el hilo con granos de oro», respectivamente. Estas descripciones sugieren la imagen de una mujer con un cinturón adornado con estos materiales preciosos. Bellatrix, una de las estrellas de la constelación situada en el hombro, se traduce como «La Guerrera» o «Amazona». En la parte inferior izquierda de la constelación se encuentra Saiph, que en árabe significa «la espada». Como toda guerrera, Al-Jauzah portaba tanto arco y flechas como una espada.
Aunque algunos académicos han considerado a las amazonas una invención griega, recientes excavaciones han revelado tumbas de mujeres con marcas de guerra, vestidas con túnicas y pantalones, enterradas con hachas, lanzas, arcos, flechas y monturas de caballo. Estas verdaderas guerreras existieron en la época y lugar indicados tanto por los antiguos griegos como por otras culturas.
Las mujeres poderosas e independientes no eran bien vistas en un mundo dominado por el patriarcado naciente, pues evocaban sobrecogimiento, respeto y, en muchos casos, miedo. Esta percepción contribuyó a que muchas grandes figuras femeninas de la historia fueran ignoradas o minimizadas. Sin embargo, relatos sobre guerreras existen en la antigua literatura de Egipto, Persia, Asia Central, India e incluso China, dejando testimonio de su importancia a lo largo de los siglos.
Sode Boshi: La Historia de la Constelación de Orión en Japón
La astronomía ha sido un campo de gran interés para la humanidad desde tiempos antiguos. Nuestros antepasados ya reconocían su importancia para la navegación, la agricultura y otros aspectos de la vida. Entre las muchas culturas fascinadas por el cielo estrellado, destaca la japonesa, a pesar de que la tardía introducción de la escritura en Japón ha limitado nuestro conocimiento sobre sus antiguas creencias astronómicas.
Los japoneses llamaban «Yotawashi Boshi» (estrellas que atraviesan la noche) a los astros que aparecían por el este con las últimas luces del sol y desaparecían con la llegada del amanecer. Entre todas ellas, la constelación de Orión era la que más les llamaba la atención. A diferencia de los griegos y egipcios, que vinculaban las constelaciones con héroes, dioses y criaturas mitológicas, los japoneses las asociaban con elementos de su propia cultura, adaptando su significado según la región geográfica.
Mientras en la tradición occidental Orión es representado como un cazador, en la cultura japonesa esta constelación simboliza a una mujer vestida con un kimono. «Sode Boshi» (estrella de las mangas del kimono) representa las largas mangas de esta vestimenta tradicional. Según la tradición nipona, Orión es una mujer que alza su brazo dejando caer la manga de su kimono, ofreciendo así una interpretación única y culturalmente arraigada de esta constelación.
Historia de la Constelación de Orión en el Antiguo Egipto
El conocimiento astronómico de los antiguos egipcios sigue siendo un misterio en muchos aspectos, pero sabemos que su visión del cielo combinaba ciencia y religión. Los Textos de las Pirámides, encontrados en Saqqara, revelan su concepción del universo, mientras que el estudio de los jeroglíficos nos permite adentrarnos en su cultura.
Victoria Almansa Villatoro, investigadora de la Universidad de Brown, ha estudiado el jeroglífico N41 (bjA), que significa cielo, agua, mujer y hierro. Según su análisis, los egipcios veían el cielo como un recipiente de hierro que contenía las aguas del renacimiento, representando el útero de la diosa Nut.
En la mitología egipcia, se creía que los dioses descendieron del cinturón de Orión, vinculando a esta constelación con la creación y la vida. Siguiendo esta visión, y considerando que el cielo simbolizaba el útero de Nut, Orión no sería un hombre cazador, sino una figura femenina asociada con la fertilidad y el renacimiento.
Conclusión: Orión, el Cazador Inmortal
Ahora, cuando mires al cielo y veas a Orión con su cinturón de tres estrellas alineadas, recuerda su historia. No es solo un conjunto de luces en la oscuridad, es un eco de una leyenda antigua, un héroe convertido en mito, un recordatorio de que el orgullo y la grandeza tienen su precio.
Y así, la historia de Orión continúa. Cada noche, su figura brilla en el cielo, inmortalizada en la memoria de quienes, como tú, escuchan su leyenda y la cuentan a las generaciones venideras.
La próxima vez que alguien te pregunte por aquella constelación, no dudes en compartir esta historia. Porque ahora, al igual que las estrellas, tú también la llevas contigo.