Saltar al contenido

La Historia de Casiopea y su vínculo con las Constelaciones de Cefeo, Andrómeda, Perseo, Cetus y Pegaso

historia-perseo-casiopea-cefeo-andromeda-pegaso-cetus-constelaciones
Las constelaciones de Perseo, Casiopea, Cefeo, Andromeda, Pegaso y Cetus, que forman parte del mismo mito.

Hace muchos años, en el reino de Argos, vivía una joven de gran belleza llamada Dánae. Su padre, el rey Acrisio, preocupado por no tener un heredero varón, acudió al Oráculo de Delfos en busca de respuestas. Sin embargo, la profecía que recibió fue aterradora: no solo no tendría más hijos, sino que su propio nieto acabaría con su vida.

Decidido a evitar ese destino, el rey encerró a Dánae en una cámara de bronce para impedir que tuviera descendencia. Pero Zeus, enamorado de ella, se transformó en una lluvia dorada y la fecundó. Así nació Perseo.

Cuando Acrisio descubrió al niño, lo metió junto con su madre en una barca a la deriva, esperando que murieran en el mar. Sin embargo, Zeus intervino y los llevó a salvo hasta la isla de Serife, donde un pescador los acogió.

Casiopea y la Maldición de las Nereidas

Mientras tanto, en Etiopía, reinaban Cefeo y Casiopea. Casiopea era prácticamente la madrastra del cuento de Blancanieves, pero en versión griega, con dioses enfurecidos, oráculos y monstruos marinos. Se decía que era una mujer extremadamente bella y poderosa, pero también arrogante.

Casiopea tenía una hija, Andrómeda, de una belleza extraordinaria, pero su vanidad la llevó demasiado lejos: empezó a presumir de ser más hermosa que las Nereidas, las ninfas del mar que habitaban en las profundidades del océano. Estas ninfas, además de ayudar a los marineros en apuros, eran símbolo de gracia y perfección.

Hasta aquí podría haber sido una historia más de rivalidad femenina, pero la líder de las Nereidas, Anfitrite, se sintió profundamente ofendida por la comparación. Y no era cualquier ninfa, sino la esposa del mismísimo Poseidón. Enfurecida, exigió a su esposo que castigara a Casiopea y su reino.

Poseidón, para calmar la ira de su esposa, envió una gran marea que arrasó las costas de Etiopía y desató sobre ellas al temible monstruo marino Cetus. Ante esta catástrofe, el rey Cefeo, desesperado, acudió al Oráculo de Ammón, quien le dio una respuesta terrible: la única manera de salvar su reino era sacrificar a su hija Andrómeda al monstruo marino.

Así que, sin más opción, la princesa fue encadenada a una roca en el acantilado, esperando su trágico destino.

Perseo y la Medusa

Por otro lado, en Serife, Perseo creció y se convirtió en un joven fuerte y valiente. En su camino, el rey Polidectes intentó deshacerse de él enviándolo en una misión suicida: traer la cabeza de Medusa.

Los dioses, impresionados por su valor, le brindaron su ayuda. Hades le dio un casco de invisibilidad, Atenea su escudo, Hermes unas sandalias aladas y Hefesto una espada indestructible.

Perseo, guiándose con el reflejo en su escudo para no mirar directamente a Medusa, la decapitó con éxito. De su sangre nacieron el gigante Crisaor y el caballo alado Pegaso.

El Rescate de Andrómeda

En su viaje de regreso, Perseo sobrevoló Etiopía montado en Pegaso. Desde lo alto, divisó a una joven encadenada a una roca en la costa y quedó prendado de su belleza. Al descender, Andrómeda le contó su historia.

Justo en ese momento, el mar comenzó a agitarse y surgió Cetus, dispuesto a devorarla. Pero Perseo, sin dudarlo, sacó la cabeza de Medusa de su zurrón y la mostró al monstruo, convirtiéndolo en piedra al instante.

En agradecimiento, Cefeo y Casiopea prometieron a Andrómeda en matrimonio con Perseo, aunque la reina, fiel a su carácter, intentó traicionarlo. Como castigo por su vanidad y su engaño, los dioses decidieron colocarla en el cielo, pero en una posición humillante: su constelación aparece boca abajo durante parte del año, como recordatorio de que no hay belleza que soporte una eternidad colgada en el cielo con un espejo en la mano.

El Regreso de Perseo

Perseo volvió a Serife y descubrió que su madre había buscado refugio en el templo de Atenea para huir de Polidectes. Enfrentó al tirano y, con la cabeza de Medusa, convirtió en piedra a él y a toda su corte. Luego, devolvió los regalos divinos y ofreció la cabeza de la Gorgona a Atenea, quien la colocó en su escudo como emblema.

El Destino de Pegaso

Pegaso, el caballo alado nacido de la sangre de Medusa, se convirtió en el portador de los rayos de Zeus. Muchos intentaron domarlo, pero solo Belofonte lo logró con unas bridas de oro que le entregó Atenea.

Juntos realizaron grandes hazañas, pero la soberbia de Belofonte lo condenó. Quiso ascender al Olimpo montado en Pegaso, pero el caballo, obediente a los dioses, lo derribó. Desde entonces, Belofonte vagó por el mundo, despreciado por los dioses.

Pegaso, en cambio, fue recompensado con un lugar en los cielos, formando la constelación que lleva su nombre con las cuatro estrellas que componen el Cuadrado de Pegaso.

Para honrar a los personajes de esta historia, los dioses los convirtieron en constelaciones:

  • Cefeo y Casiopea, el rey y la reina de Etiopía. Casiopea, castigada por su vanidad, aparece boca abajo en ciertas épocas del año.
  • Andrómeda, la princesa rescatada.
  • Perseo, el héroe valiente.
  • Cetus, el monstruo marino petrificado.
  • Pegaso, el caballo alado inmortalizado en el firmamento.

Así, cada noche, el cielo nos recuerda esta historia de dioses, héroes y castigos divinos.

Ver guía completa sobre la Constelación Casiopea: