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Mitología Aries: El vellocino de oro

Aries es mucho más que una agrupación de estrellas en el cielo nocturno. Es una constelación cargada de simbolismo, historia y mitología. Desde la antigüedad, ha ocupado un lugar destacado en las culturas humanas por su aparición en el firmamento en momentos clave del ciclo solar y por su asociación con una de las leyendas más conocidas del mundo antiguo: la del Vellocino de Oro.

Aries y el ciclo solar

Durante siglos, Aries marcó el inicio de la primavera. Hace aproximadamente 2000 años, el punto equinoccial de primavera, también conocido como nodo ascendente de la eclíptica, se encontraba dentro de esta constelación. Este punto, donde el Sol cruza el ecuador celeste hacia el hemisferio norte, simbolizaba el retorno de la luz, el calor y la fertilidad de la tierra.

En ese tiempo, el Sol «entraba» en Aries al comienzo de la primavera, hecho que fue celebrado por diversas culturas mediante rituales propiciatorios. Una de las ceremonias más antiguas, el sacrum, se celebraba para invocar la renovación de la vida. Debido a este papel astronómico tan relevante, Aries fue considerado la primera «casa» del Sol en su viaje anual a través del cielo.

El simbolismo del carnero

El carnero es el símbolo asociado con Aries desde la antigüedad. Su figura, con cuernos prominentes y mirada decidida, representaba energía, valor y liderazgo. En Egipto, se asociaba con el fénix, el ave mítica que renacía de sus cenizas, estableciendo un vínculo directo entre el carnero de Aries y la idea de resurgimiento solar tras el invierno.

La mitología griega: Vellocino de Oro

La leyenda más emblemática relacionada con Aries es el mito del vellocino de oro, narrada en la mitología griega. Todo comenzó en la ciudad de Orcómeno, en Beocia, donde gobernaba el rey Atamante. Casado con Néfele, la personificación de la nube, tuvo dos hijos: Frixo y Hele. Durante un tiempo, la familia vivió en paz, pero todo cambió cuando Atamante decidió repudiar a Néfele para casarse con Ino, hija de Cadmo de Tebas.

Ino, celosa de los hijos de Néfele, planeó su eliminación. Convenció a las mujeres del reino para tostar los granos de trigo antes de la siembra. Como resultado, las cosechas fallaron y el hambre amenazó al reino. Atamante envió mensajeros al oráculo de Apolo en Delfos, pero Ino los sobornó para que dijeran que los dioses exigían el sacrificio de Frixo para que la tierra volviera a ser fértil.

El pueblo exigió el cumplimiento del supuesto mandato divino. En el momento en que Frixo y Hele eran llevados al altar para su sacrificio, Néfele rogó a Zeus por la vida de sus hijos. Zeus, apiadado, envió un carnero alado con lana dorada para rescatarlos. Los niños montaron sobre el animal, que voló hacia el este para alejarlos del peligro.

El trágico destino de Hele

Mientras sobrevolaban el mar, Hele miró hacia abajo y, mareada por la altura, cayó al agua. El mar donde ocurrió su caída fue conocido desde entonces como el Helesponto (actual Estrecho de los Dardanelos). Frixo logró llegar sano y salvo a la región de Cólquide (en la costa oriental del Mar Negro), donde fue recibido por el rey Eetes.

La ofrenda a Zeus y la creación de la constelación

En agradecimiento, Frixo sacrificó al carnero al dios Zeus y le ofreció su piel dorada al rey Eetes. Este colgó el Vellocino, en una encina sagrada al dios Ares y lo protegió con un temible dragón que nunca dormía. Zeus, en honor al carnero que había salvado a los hijos de Néfele, lo colocó entre las estrellas, dando origen a la constelación de Aries.

Jason y el vellocino de oro

Siglos más tarde, el Vellocino de Oro se convirtió en el objetivo de una de las más grandes expediciones mitológicas: la de Jasón y los Argonautas. Este grupo de héroes griegos, que incluía a figuras legendarias como Heracles, Castor y Pólux, Orfeo y Atalanta, se embarcó en la nave Argos hacia Cólquide con el fin de recuperar la piel dorada.

La historia del vellocino de oro y de los Argonautas está llena de peligros, traiciones, pruebas y amores imposibles. La aventura incluyó enfrentamientos con gigantes, batallas navales, acertijos mágicos y la intervención de dioses. Finalmente, Jason con el vellocino de oro, con la ayuda de Medea, hija del rey Eetes, quien se enamoró de él y traicionó a su padre.

El legado celeste

Como homenaje a esta expedición, la nave Argos también fue colocada en el cielo, aunque la constelación original conocida como Argonavis fue más tarde dividida en tres partes por los astrónomos modernos: Carina (la quilla), Puppis (la popa) y Vela (las velas).

Aries, sin embargo, ha conservado su identidad a lo largo de los siglos. Aunque el punto equinoccial se ha desplazado hacia Piscis debido a la precesión de los equinoccios, Aries sigue siendo el signo que marca el comienzo del zodiaco en astrología y mantiene su importancia cultural y simbólica en muchas tradiciones.

Mitología de aries y su presencia en el cielo

La constelación de Aries es mucho más que un grupo de estrellas visibles en las noches de otoño e invierno. Es un símbolo ancestral de renacimiento, valor y protección divina. Su historia está entrelazada con algunos de los mitos más fascinantes de la antigüedad y su presencia en el cielo sigue recordándonos la riqueza simbólica y narrativa que los pueblos antiguos supieron ver en las estrellas.

Ver guía completa de la Constelación de Aries

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